Las abundantes lluvias, el aporte inicial de aguas de escorrentía y el escaso tiempo de permanencia del agua en los embalses explican los valores registrados al comienzo de la campaña, que han ido reduciéndose conforme ha avanzado el periodo de riego.
Los registros de salinidad correspondientes a los últimos quince años, muestran un comportamiento muy similar al inicio de cada campaña de riego. Aunque en los análisis realizados el pasado 12 de mayo, se detectó el valor más elevado de toda la serie histórica —2.135 µS/cm (1.366 mg/l) de conductividad eléctrica, el parámetro utilizado para medir la salinidad del agua—, este dato debe interpretarse dentro de un patrón estacional que se repite prácticamente todos los años. De hecho, apenas tres semanas después, el control realizado el 3 de junio reflejaba ya un descenso hasta los 1.685 µS/cm (1.078,40 mg/l) y en la última medición del 9 de julio, este valor había bajado a 657 µS/cm (420,48 mg/l).
La serie histórica confirma que los mayores niveles de salinidad se concentran habitualmente en primavera, coincidiendo con el inicio de la campaña. Así ocurrió también en 2012, 2018, 2020, 2022 y 2025, cuando se registraron los valores más elevados del año durante los primeros meses de riego. Conforme avanza la campaña, aumenta el volumen de agua derivada y el tiempo de permanencia en los embalses de regulación, lo que favorece la mezcla y homogeneización del agua y provoca un descenso progresivo de la salinidad.
En la presente campaña, además, han concurrido varios factores que ayudan a explicar que ese pico inicial haya sido superior al de años anteriores. Las abundantes precipitaciones registradas durante la primavera han incrementado el arrastre de sales presentes de forma natural en los suelos de la cuenca hacia los cauces. A ello se suma que, durante las primeras semanas de riego, una parte importante del agua utilizada procedía aún de escorrentías, que llegan al sistema con muy poco o nulo tiempo de permanencia en los embalses de regulación y, por tanto, con menor capacidad de estabilización de sus características físico-químicas.
La evolución registrada desde mayo confirma ya la tendencia habitual del sistema. Conforme aumenta el consumo de agua regulada y ésta permanece más tiempo en los embalses, los niveles de salinidad tienden a normalizarse, tal y como viene reflejando la serie histórica desde 2011. Por ello, la Comunidad recuerda la importancia de valorar estos datos desde una perspectiva temporal y no a partir de mediciones puntuales, ya que la salinidad del agua de riego está estrechamente condicionada por el régimen de lluvias y por el propio funcionamiento del sistema de regulación.





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