Desde entonces hemos tenido restricciones, las más duras entre 2021 y 2023
Desde el año 2016, ejercicio en el que los embalses alcanzaban los 3.621 hm³ y se autorizaron dotaciones plenas de 6.000 m³ por hectárea, no se vivía en nuestra Zona Regable una campaña de dotaciones plenas. Ha tenido que pasar toda una larga década para que se recupere la normalidad.
Como se ve en los gráficos que acompañan estas líneas, la disponibilidad hídrica ha estado marcada desde entonces por una tendencia irregular, con limitaciones que han condicionado de forma significativa la planificación agrícola. Desde 2016, y aun con recuperaciones puntuales, las dotaciones fueron ajustándose progresivamente, inaugurando un período de sequía y ajustes.
En 2017 y 2018, con volúmenes embalsados de 2.800 y 3.306 hm³ respectivamente, las asignaciones descendieron hasta los 5.500 y 5.000 m³/ha. Esta situación se mantuvo en niveles similares hasta 2020, cuando ya se evidenciaba un descenso más acusado tanto en reservas como en disponibilidad de agua para riego.
Pero las restricciones más severas se produjeron en el periodo comprendido entre 2021 y 2023. En estos años, la combinación de sequía prolongada y escasez de recursos hídricos llevó a una reducción drástica de las dotaciones: 3.000 m³/ha en 2021, 2.000 m³/ha en 2022 y tan solo 700 m³/ha en 2023, coincidiendo con el mínimo histórico reciente de volumen embalsado en mayo (1.232 hm³).
En los dos últimos años se produjo una cierta recuperación, pero con menor impacto en la planificación del que hubiera sido deseable porque las lluvias fueron primaveras y con las decisiones de siembra ya tomadas. En 2024, el volumen embalsado aumentó hasta los 2.315 hm³, lo que permitió elevar la dotación a 4.000 m³/ha. La tendencia continuado en 2025, con 2.924 hm³ embalsados y una dotación de 5.500 m³/ha, acercándose nuevamente a niveles previos a la crisis hídrica, aunque todavía sin alcanzar los valores de referencia de 2016, que por fin se han recuperado para la próxima campaña, en la que las dotaciones volverán a ser plenas.
Estos datos reflejan la alta dependencia del regadío dependiente del Sistema de Regulación General a las sequías, y ponen de manifiesto la necesidad de seguir avanzando, por nuestra parte, en medidas de eficiencia, ahorro, innovación y digitalización, en un contexto marcado además por la mayor variabilidad climática.





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