10 julio, 2026|

Patata y trigo pierden superficie por las dificultades de siembra, mientras el barbecho aumenta más de un 20% pese a la recuperación de las dotaciones de riego

La distribución de cultivos temporales de la campaña 2026 refleja el impacto que tuvieron las abundantes lluvias registradas durante los primeros meses del año sobre la planificación agrícola de la zona regable. Las precipitaciones alteraron los calendarios de siembra y obligaron a muchos agricultores a replantear sus previsiones iniciales, favoreciendo unos cultivos frente a otros.

Los cambios más significativos se producen en la patata y el trigo. La superficie dedicada a patata pasa de 1.560 a 1.267 hectáreas, con una reducción de 293 hectáreas (-18,8%), mientras que el trigo desciende de 1.291 a 943 hectáreas, perdiendo 347 hectáreas (-26,9%). Las lluvias dificultaron la siembra en las fechas óptimas para estos cultivos, lo que llevó a muchos agricultores a optar por alternativas más viables en función de la evolución de la campaña. Entre ellas destaca especialmente el girasol, que prácticamente duplica su superficie al pasar de 570 a 1.070 hectáreas (+500 hectáreas), así como el tomate, que aumenta de 340 a 501 hectáreas (+160 hectáreas).

Pero quizá el dato más llamativo de esta campaña sea el aumento del barbecho. En un año marcado por la recuperación de unas dotaciones de riego sin restricciones, la superficie sin cultivar ha crecido paradójicamente un 22,8%, pasando de 1.117 a 1.372 hectáreas. Lejos de responder a una falta de disponibilidad de agua, este incremento obedece precisamente a las consecuencias de las intensas lluvias de comienzos de año, que dejaron numerosas parcelas encharcadas e inaccesibles durante semanas. En muchos casos, los retrasos acumulados impidieron completar a tiempo los trabajos necesarios para ponerlas en producción, por lo que finalmente tuvieron que permanecer en barbecho.

Los datos ponen de manifiesto cómo, incluso en una campaña caracterizada por la normalidad en las dotaciones de riego, la meteorología sigue siendo un factor determinante en la configuración final de los cultivos y en las decisiones de los agricultores.

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