1 abril 2025
La remontada en la situación hidrológica de este año recuerda a la de 2018, pero también a lo que pasó el año pasado, cuando las precipitaciones de marzo, y particularmente las que sucedieron en Semana Santa, permitieron una mejora de la situación hidrológica que llevó a la Regulación General a un embalsamiento por encima del 40% a final de abril y, consiguientemente, a la aprobación de unas dotaciones de 4.000 m3/ha.
Atendiendo a la serie histórica, parece que se adivina un cierto patrón de lluvias mucho más frecuentes en primavera que en otoño. Lo cual no es precisamente lo más idóneo para el regadío, pues perjudica la planificación de cultivos, que, en previsión de restricciones, siempre es más prudente con cultivos menos rentables y menos competitivos, que los que son más demandantes de agua.
Dicho con otras palabras, una situación hidrológica que se arregla sólo al final de la primavera es una situación hidrológica adversa en el momento en que se realiza la planificación. Cuando llueve en primavera, nuestros agricultores ya no tienen tiempo de reaccionar. La planificación de cultivos ya la tienen hecha, incluso implantada en sus parcelas, y ha sido diseñada pensando en restricciones. Actuar responsablemente es situarse en un escenario más bien pesimista, en el que sea necesario consumir poca agua.