Orgullosos de nuestros pueblos (X): Villanueva del Río y Minas
Villanueva del Río y Minas constituye otro de los municipios cuyo término acoge parte de nuestra Comunidad de Regantes. En concreto, unas 1.682 hectáreas de superficie de parcelas dentro de su término municipal forman parte de nuestra Zona Regable. En cuanto a los cultivos predominantes, destacan los cítricos (1.139 ha.), frutales de hueso (77 ha.), olivar (63 ha.), algodón (87 ha.), patatas (75 ha.) y girasol (57 ha.), reflejo de una vocación agrícola que convive desde hace siglos con la memoria minera e industrial de este singular enclave sevillano.
El municipio tiene la particularidad de nacer de la unión de dos núcleos: Villanueva del Río y Villanueva de las Minas. Situado en la Vega Alta del Guadalquivir, a orillas de la Ribera del Huesna, dista unos 42 kilómetros de la capital sevillana en dirección a la Sierra Norte; ubicado por tanto en la margen derecha del río Guadalquivir, aunque su término municipal, también lo cruza, de ahí que éste, también pertenezca a nuestra Zona Regable.
La historia de Villanueva del Río y Minas se remonta a la ciudad romana de Mulva y su célebre santuario de Munigua, pasando por el feudo de los duques de Alba en el siglo XV hasta llegar al gran giro del siglo XVII con el descubrimiento de las minas de carbón. Este auge minero transformó definitivamente el paisaje y la sociedad local, consolidando su actual nombre en 1944 y dejando como legado joyas como el barrio de las Casas Nuevas, de estilo colonial, y el Pozo 5, declarado Bien de Interés Cultural.
En cuanto al patrimonio, las visitas obligadas son la iglesia mudéjar de Santiago el Mayor, las ruinas del palacio de los Duques de Alba y el citado enclave de Munigua, considerado uno de los conjuntos romanos más singulares de la provincia. Muy cerca de allí, la antigua corta minera se ha transformado en el Lago Azul, una laguna de gran belleza que hoy atrae a senderistas y fotógrafos por su espectacular contraste visual.
El calendario festivo refleja también esa doble identidad. Las fiestas giran en torno a Santa Bárbara, patrona de los mineros, con una ofrenda de flores en abril, una romería en mayo y el tradicional potaje en la Plaza de España el 4 de diciembre. La Feria, en la segunda semana de julio, reúne a vecinos y visitantes alrededor de la Plaza de España con la peculiar tradición de las fiestas acuáticas que refrescan las tardes del verano.
La gastronomía local bebe de sus dos grandes tradiciones, la agrícola y la minera. Entre sus platos más representativos destacan el potaje minero, la carrillada ibérica, las chacinas y el bollo preñao. Una mesa contundente y auténtica, heredera de quienes trabajaron estas tierras y estas minas durante siglos, que invita a quedarse y descubrir todo lo que este municipio tiene por ofrecer.







